2o. Dom
de Pascua Ciclo A (Id=264)
Los creyentes vivían unidos y todo lo tenían en común
Lectura del libro de los Hechos de los
Apóstoles
2, 42-47
En los primeros días de la Iglesia, los
hermanos eran constantes en escuchar la enseñanza de los apóstoles, en la vida
común, en la fracción del pan y en las oraciones. Toda la gente estaba
impresionada por los muchos milagros y prodigios que los apóstoles hacían en
Jerusalén.
Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común; vendían bienes y
propiedades y lo repartían entre todos, según las necesidades de cada uno.
Diariamente se reunían en el templo, y en las casas partían el pan y comían
juntos alabando a Dios con alegría y sencillez de corazón; toda la gente los
estimaba y el Señor aumentaba cada día el número de creyentes que aceptaban
Palabra
Te alabamos, Señor.
Salmo
Responsorial
Del Salmo 117
La misericordia del Señor es eterna.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
Diga la casa de Israel: Su misericordia
es eterna. Diga la casa de Aarón: Su misericordia es eterna. Digan los fieles
del Señor: Su misericordia es eterna.
La misericordia del Señor es eterna.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
Empujaban para derribarme, pero Dios me
ayudó. El Señor es mi fuerza y mi alegría, en el Señor está mi salvación.
La misericordia del Señor es eterna.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
La piedra que desecharon los
constructores es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es
un milagro patente. Este es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de
gozo.
La misericordia del Señor es eterna.
Confitémini Dómino quóniam
bonus, quóniam in saéculum misericórdia eius.
La resurrección de Cristo nos da la esperanza de una vida nueva
Lectura de la primera carta del apóstol
san Pedro
1, 3-9
Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor
Jesucristo, que en su gran misericordia, por la
resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos concedió renacer a la
esperanza de una vida nueva, que no puede corromperse ni mancharse, que nos
está reservada como herencia en el cielo. La fuerza de Dios los custodia en la
fe para la salvación que aguarda a manifestarse en el momento final.
Por esta razón, alégrense, aunque ahora tengan que sufrir un poco, en pruebas
diversas; a fin de que su fe, sometida a la prueba, sea hallada digna de
alabanza, gloria y honor, cuando se manifieste Cristo, nuestro Señor, que por
la fe de ustedes es más preciosa que el oro, y el oro acrisola por el fuego.
A Cristo Jesús no lo han visto, y lo aman; no lo ven, y creen en él; se llenan
de una alegría
radiante e indescriptible, seguros de alcanzar la salvación de sus almas, que
es la meta de la fe.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.
Aclamación
antes del Evangelio
Aleluya, aleluya.
Porque me has visto, Tomás, has creído, dice el Señor. Paz a ustedes. Dichosos
los que creen sin haber visto.
Quia vidísti me, Thoma, credidísti, dicit Dóminus: beáti qui non vidérunt
et credidérunt.
Aleluya.
Ocho días después se les apareció Jesús
† Lectura del Santo Evangelio según san Juan
20, 19-31
Gloria a ti, Señor.
Al anochecer del día de la resurrección, estaban
los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y
en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de
alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
"La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los
envío yo".
Y dicho esto sopló sobre ellos y les dijo:
"Reciban el Espíritu Santo; a quienes les perdonen los pecados, les
quedarán perdonados; a quienes no se los perdonen, les quedarán sin
perdonar".
Tomás, uno de los Doce, apodado el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino
Jesús. Y los otros discípulos le decían:
"Hemos visto al Señor".
Pero él les contestó:
"Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en los
agujeros de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo".
Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás con
ellos. Jesús se puso de nuevo en medio y les dijo:
"La paz esté con ustedes".
Luego dijo a Tomás:
"Aquí están mis manos, acerca tu dedo; trae tu mano y métela en mi
costado; y no sigas dudando, sino cree".
Tomás respondió:
"¡Señor mío y Dios mío!"
Jesús añadió:
"Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber
visto".
Otras muchas señales milagrosas hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero
no están escritas en este libro. Se escribieron éstas para que crean que Jesús
es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.